16 nov 2009

La Fuerza De Sheccid

Me pregunto una y otra vez por qué la muchacha fue tan dura
conmigo, por qué no me permitió exponerle mi punto de vista.
El deporte favorito de la gente es juzgar y condenar con
un mínimo de datos.
Leí en uno de los libros que cierto pueblo de Europa, a fines
del siglo XIX, llegó a vivir una hermosa mujer viuda, madre de
tres hijos. A las pocas semanas todo el vecindario hablaba mal de
ella. Decían que era perezosa, que estaba casi siempre acostada y
que recibía las lujuriosas visitas de tres hombres; para no ser
sorprendida en prácticas promiscuas, mandaba a sus hijos a la calle y
éstos se veían obligados a comer con los vecinos... Un día la llevaron al
hospital y al fin se supo la verdad: tenía una enfermedad incurable, no
podía moverse mucho, los dolores eran tan atroces que prefería
dejar salir a sus hijos para que no la vieran sufrir; la visitaban su
médico, su abogado y su hermano. Era una buena mujer, condenada
por las suposiciones, difamada, rechazada injustamente.
¡Cuánta gente es víctima de los dedos acusadores!

No hay comentarios:

Publicar un comentario