

Era tuyo, asi que no confiaste en que nadie más pudiera jamás manejar ese barco,

Me sorprendí y proferí un grito sordo al sentir dos manos cubriéndome los ojos.
- ¿Quién soy?- Era tan infantil, desde que estábamos en primaria, por mas que lo rechazara o lo mirara con frialdad, el siempre volvía con una sonrisa, y con esos hoyuelos tan simpáticos marcados en sus cachetitos rosados.
- Takeru, eres tan obvio…- Salto el respaldo del banco y se sentó junto a mi.
